Buenas Prácticas Ganaderas: animales con mayor rentabilidad

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Las BPG garantizan que los productos de origen animal cumplan los requisitos exigidos en materia de inocuidad.

Las normas aprobadas para el establecimiento de las Buenas Prácticas Ganaderas – BPG, son un conjunto coherente de acciones involucradas en la producción primaria y transporte de productos alimenticios de origen pecuario, orientados a asegurar la inocuidad de los alimentos, minimizando el impacto que las prácticas pecuarias tienen sobre el medio ambiente, disminuyendo los riesgos de contaminación de los productos pecuarios con agentes químicos, físicos y biológicos y mejorando tanto el bienestar laboral de los trabajadores y ganaderos, como el bienestar de las especies animales que son explotadas técnicamente.

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Las BPG son normas que se aplican durante el proceso de producción pecuaria, para que la empresa ganadera sea sostenible ambiental, económica y socialmente y obtener de esta manera animales con mayor rentabilidad, productos sanos, seguros y de buena calidad. Son aplicables a todo lo largo de la cadena productiva bovina: desde el productor o eslabón primario, seguido por el transformador hasta llegar al consumidor final. Estas normas son aplicables para los diferentes tipos de producción ganadera: lechería, ganado de carne y de doble propósito.

Los beneficios de estas prácticas son múltiples, para personas y animales. Mejora la salud y productividad de los animales, contribuyendo al mantenimiento de un adecuado suministro de alimentos inocuos, sustentando además el medio de vida de pequeños productores pecuarios. Las BPG toman en cuenta diversos aspectos como el bienestar animal, inocuidad del producto para el consumo humano, alimentación, suministro de agua, confort, salud animal, manejo ambiental y sostenibilidad, seguridad laboral, entre otros; permitiendo no solo su aplicación por parte de los productores y asociaciones, sino que es una herramienta eficaz para la verificación por parte de las autoridades competentes encargadas de velar por la salud pública; lo cual apoya también a productores e industrias para que asuman plenamente sus responsabilidades desde el inicio de la cadena productiva, con el fin de optimizar el control de la inocuidad de los productos ofrecidos a los consumidores.

En el Perú, las BPG están reguladas por el Ministerio de Agricultura y Riego a través del SENASA; que de acuerdo a lo establecido en el Artículo 14° del Reglamento de Inocuidad Agroalimentaria, aprobado mediante Decreto Supremo N° 004-2011-AG, señala que “Los productores de alimentos agropecuarios primarios deberán implementar los lineamientos sobre Buenas Prácticas de Producción e Higiene que establezca el SENASA…”. En tal sentido, a efectos de brindar a los actores de la cadena agroalimentaria primaria, información que les sirva de guía para ejecutar las actividades relacionadas a las buenas prácticas de producción e higiene en alimentos agropecuarios primarios y piensos; a través de la Resolución Directoral N° 154-2011-AG-SENASA-DIAIA, se aprueban guías de buenas prácticas de producción e higiene, lo cual comprende la Guía de BPG.

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Los lineamientos básicos establecidos en las mencionadas guías, permiten ilustrar y conocer las nuevas reglas que inciden en los requerimientos de calidad e inocuidad exigidos en el comercio de alimentos, que permitan insertarse tanto en el mercado nacional como en el internacional, orientando a implementar sistemas de producción y buenas prácticas, incluyendo controles y manejos de la actividad pecuaria, previniendo con ello la propagación de enfermedades y garantizando la inocuidad de los alimentos de origen animal desde el sector primario, sin afectar la salud de los consumidores y garantizando asimismo que las unidades productivas se conviertan en fuentes de empleo y con ello mejoren sus ingresos económicos.

En conclusión, la aplicación de las BPG en los predios o establecimientos de producción primaria, garantizan que los productos de origen animal cumplirán los requisitos exigidos en materia de inocuidad alimentaria, disminuyendo los posibles riesgos que estos productos puedan significar en materia de salud pública.